Los Límites del Deber: Fraternidad o Cómplice

Por Salvatore Brienza 

Si en nuestro anterior trazado reflexionamos sobre la pureza del abrazo fraternal en la Era Digital, que rompe barreras burocráticas, hoy nos corresponde encender la luz de la razón sobre su reverso más peligroso: la falsa fraternidad.

Como Masones sabemos que hay un par de opuestos en todo lo que existe, y que el verdadero Masón debe aprender a mantener el equilibrio entre ambas fuerzas.

El entusiasmo por socorrer a un Hermano, sumado al mandato del auxilio mutuo, puede convertirse en una "trampa sutil" cuando se despoja de la prudencia y del discernimiento ético. Es en ese límite nebuloso donde el deseo legítimo de "hacer fraternidad" corre el riesgo de degradarse en complicidad, encubrimiento y degradación moral.

La Trampa de la "Fraternidad Ciega"

La Orden nos enseña desde el primer grado que el Masón es un hombre libre y de buenas costumbres, respetuoso de las leyes de la patria y defensor de la virtud. Ningún juramento masónico —por "ñembo antiguo o regular" que se crea— ha exigido jamás la suspensión del juicio moral ni la violación de la ley profana.

Sin embargo, en la práctica cotidiana ocurre un fenómeno riesgoso:

El chantaje emocional del lazo: Utilizar el apelativo de "Hermano" para presionar por favores al margen de la ética o de la legalidad (tráfico de influencias, falsificación de documentos, encubrimiento de faltas graves o delitos).

La confusión entre solidaridad y complicidad: Creer erróneamente que negar una ayuda ilícita equivale a "traicionar" el juramento fraternal.

El abuso de la confianza: Apelar a la buena fe del Templo para involucrar a otros en esquemas financieros dudosos, fraudes o actos que riñen con la moral pública.

Confiar a ciegas por el solo hecho de que alguien viste un mandil es olvidar que "el vicio y la debilidad humana también cruzan las puertas de los talleres". Si la fraternidad se utiliza como escudo para cometer o encubrir delitos, deja de ser virtud masónica y se convierte en "mafia profana".

Respuestas a las Tres Preguntas Fundamentales

1. ¿Hasta dónde la Fraternidad?

La Fraternidad llega hasta el límite donde empiezan la Ley, la Justicia y la Verdad.

El compás, símbolo de la medida y la contención, nos traza un círculo claro: la fraternidad opera dentro de los límites de la virtud. En el preciso instante en que el pedido de un Hermano exige traspasar la frontera de la honestidad, vulnerar los derechos de un tercero o cometer un acto punible, el compromiso de auxilio queda automáticamente anulado. La fraternidad masónica es un pacto de elevación mutua, no un pacto de impunidad.

2. ¿Cuándo decir NO?

Se debe decir NO de forma firme, categórica e inmediata cuando:

- El favor solicitado riñe con las leyes profanas o los principios morales del individuo.

- Se pide poner en riesgo la integridad, el patrimonio o la reputación propia o de terceros inocentes.

- Se pretende utilizar el taller o la red de contactos como un mecanismo de encubrimiento, impunidad o tráfico de influencias.

- El "socorro" solicitado no busca aliviar una desgracia inmerecida, sino eludir las consecuencias éticas o penales de un acto deliberado y corrupto.

Decir "NO" a un Hermano que exige complicidad no es un acto de deslealtad; es un acto de profunda fidelidad a los principios de la Orden.

3. ¿Es obligatorio ayudar cuando lo que se pide riñe con los principios éticos?

Absolutamente NO. La obligación del Masón es con la Virtud y con la Verdad, no con el vicio ni con la arbitrariedad del individuo.

El código moral masónico enseña que el primer deber del hombre es hacia su propia conciencia y hacia las leyes de su sociedad. Pretender obligar a un Hermano a participar en un acto deshonesto en nombre de la "cadena de unión" es una profanación del rito. Quien pide a un Hermano que falte a su ética para salvarlo a él, ya ha roto la Fraternidad por su propia mano antes de recibir la respuesta.

Quien pide que traiciones los valores, que violes la ley o que empeñes tu honor en nombre del Ara, ya ha dejado de comportarse como un Hermano. Sostener la mano del caído es nuestro deber sagrado; pero soltar la mano del que intenta arrastrarnos al abismo de la deshonra es la mayor prueba de rectitud que la Escuadra exige de un Masón.

"La Fraternidad Masónica es una antorcha para iluminar el camino del hombre justo, jamás un manto de oscuridad para ocultar el delito".


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