LA CARBONARIA por Xico Trolha

Francisco de Assis Carvalho,
conocido como Xico Trolha
Compilado por Salvatore Brienza

(Xico Trolha es el seudónimo de Francisco de Assis Carvalho, uno de los escritores e investigadores más importantes de la masonería en Brasil. Fue un prolífico autor de libros sobre ritos, símbolos y costumbres de la orden masónica, además de haber fundado la Editora A Trolha. )

Sobre la Carbonaria, el único escritor en Brasil que realmente se dedicó a aportar algún esclarecimiento fue el Hermano Adelino de Figueiredo Lima, uno de los primeros cuestionadores de algunas de las secuelas que debilitaron nuestra Orden y que aún la debilitan. Sin embargo, este trabajo no abarca ese tipo de asuntos, razón por la cual vamos a transcribir únicamente una breve introducción que él hizo sobre la Carbonaria:

"Ninguna Sociedad Secreta fascinó tanto a las multitudes sedientas de su libertad, o de la independencia política conquistada a costa de lágrimas y sangre, como la Masonería Forestal, más conocida como 'Carbonaria', por haber sido fundada por los carboneros de Hannover como una asociación de defensa y de acción contra los opresores y asaltantes de su clase. Constituida en el último cuarto del siglo XV, no entró en la Historia como organización de carácter político sino hasta después de la Gran Revolución Francesa."

En Italia adquirió fama de violenta y sanguinaria, e introducida en Francia por orden de Napoleón, no tardó en convertirse en la más poderosa fuerza opositora al expansionismo del gran corso, luchando contra él en Francia, Austria, España y Portugal.

El nombre de "Masonería Forestal" le vino después de que estalló en Italia y en Francia. "Masonería", porque los masones la propagaban y la protegían; "Forestal", porque las iniciaciones de sus miembros recordaban a las de los antiguos carboneros de Hannover, realizadas en los bosques más densos, a cubierto de las miradas extrañas.

Los Carbonarios, antes de ser investidos con los Secretos de la Orden, pasaban por duras pruebas y prestaban los más terribles juramentos, como este, que firmaban con su propia sangre:

"Juro ante esta asamblea de hombres libres que cumpliré las órdenes que reciba, sin discutirlas y sin vacilar, ofreciendo mi sangre en holocausto para la liberación de la Patria, la destrucción del enemigo y la felicidad del Pueblo. Si faltara a este juramento, o traicionara los designios de la Poderosa Masonería Forestal, que la lengua me sea arrancada y mi cuerpo sometido al fuego lento por no haber sabido honrar a la Patria que fue mi cuna."

Solo después de este juramento el candidato recibía las insignias de "Buen Primo" (las insignias de Buen Primo consistían en un balandrán negro y capucha, llevando bordado en blanco, en el pecho, un puñal —el puñal de San Constantino— con la empuñadura en forma de cruz entrelazada con una cruz cristiana). El puñal de San Constantino no consistía únicamente en un dibujo bordado en el pecho del balandrán negro; era también un arma blanca que todos los carbonarios usaban —también en sus ejecuciones— como símbolo de la Orden a la que pertenecían.

El balandrán negro de los líderes, en lugar del puñal y la cruz entrelazados, llevaba bordado en el pecho, en dorado, un sol radiante.

El grito de guerra de los carbonarios consistía en que cada uno levantara su puñal muy alto. Normalmente, las reuniones de los tribunales carbonarios se realizaban, a ejemplo de los carboneros de Hannover en el pasado, en pleno bosque, bien distantes de las miradas curiosas e indebidas.

Sus juicios eran implacables y sus reos, si eran condenados, se ejecutaban con la máxima eficiencia. El carbonario era, a veces, juez y verdugo al mismo tiempo. Sus afiliados jamás podían traicionar a la Orden (los que la traicionaron siempre fueron ejecutados de manera ejemplar) y se convertían en carbonarios o ejecutores de las órdenes de la "Alta Venta". En cada país, la organización de la "Masonería Forestal" obedecía al esquema italiano:

La "Alta Venta", cuerpo deliberativo superior, estaba compuesto por un Delegado de cada "Barraca", compuesta a su vez por un Delegado de cada "Cabaña"; y las "Cabañas" estaban formadas por un Delegado de cada "Choza". Por encima de la "Alta Venta" estaba, sin embargo, la "Joven Italia", compuesta por un triunvirato que, en las luchas por la unificación y por la caída del poder temporal de los Papas, estuvo constituido por Cavour, Mazzini y Garibaldi.

La Carbonaria Italiana, al principio, fue protegida por el carbonario Lucien Charles Napoleón Murat —general de Napoleón Bonaparte— y príncipe de Pontecorvo, hijo del mariscal Murat, nacido en Milán en 1803. Él abandonó Italia en 1815 con la derrota de Napoleón en Waterloo (el 18 de julio de 1815), habiendo sido capturado en España. Tras su liberación, se trasladó a los Estados Unidos en 1825. Allí se casó y regresó a París en 1848.

Más tarde, Murat fue elegido Gran Maestre del Gran Oriente, logrando un progreso muy grande en el levantamiento de la Obediencia con la fundación de muchas logias nuevas.

Uno de los elementos que se debe destacar en la Carbonaria Italiana —no por sus actos patrióticos, sino por su traición a la Carbonaria— es el conde Pellegrino Rossi. Rossi tuvo dos actitudes distintas: en su juventud, fue uno de los más activos propagandistas de los ideales de la Carbonaria, mereciendo el respeto de todos los Buenos Primos. Sin embargo, de un momento a otro, se pasó a las filas enemigas.

Rossi se alió con el Papa Gregorio XVI con la finalidad de conseguir del Papa condenas a las acciones de los jesuitas. En ese ínterin, muere Gregorio XVI y sube al Trono de San Pedro el Papa Pío IX, al cual Rossi se unió en cuerpo y alma. Rossi, que había ido hasta Roma para combatir el jesuitismo, regresa como un fiel defensor de los Hermanos de Ignacio de Loyola.

Fue proscrito de la Carbonaria en 1820 y se convirtió en un nuevo Saulo, convirtiéndose a los ideales del Papa.

— ¡Era el nuevo Judas! —, gritaban en todas las "Barracas", con puñal en alto, los Buenos Primos, sus antiguos compañeros.

Conocedor como era de los métodos de sus antiguos compañeros, Rossi tuvo mucha facilidad para señalar a sus líderes y llenar las prisiones de la Ciudad Eterna, dando un tremendo golpe al movimiento revolucionario.

Rossi se dedicaba cada vez más a una acción represiva, sin pensar que —desde la más humilde "Choza" hasta la más pujante "Barraca", y con Giuseppe Mazzini teniendo el control de todas las "Altas Ventas"— los puñales de San Constantino se levantaban y describían en el aire el ángulo recto de las decisiones fatales. La sentencia estaba dictada, terrible e implacable.

Se había fijado una reunión para el día 15 de noviembre, a la 1 de la tarde, con el Ministro Conde Pellegrino Rossi.

Había dicho Rossi el día anterior: "Si me dejan hablar, si me dan tiempo para pronunciar mi discurso, no solo Italia estará a salvo, sino que quedará definitivamente muerta la demagogia de la Península". La demagogia de la península era el movimiento carbonario.

"La causa del Papa es la causa de Dios". Y el conde Pellegrino Rossi bajó las escalinatas y subió al carruaje que lo llevaría al Parlamento.

Al llegar a la plaza, el carruaje atravesó lentamente a la multitud, entró por la puerta del Palacio y se detuvo frente al vestíbulo, donde Pellegrino Rossi fue recibido con silbidos y gritos enfurecidos: — ¡Abajo el traidor! — ¡Muerte al vendedor de la Patria!

Solo entonces Rossi se dio cuenta de que no toda la conciencia nacional estaba encarcelada en Civitavecchia.

Esbozó una sonrisa forzada hacia la multitud y, cuando se disponía a continuar la marcha, recibió un golpe en la carótida —especialidad de los Buenos Primos— que lo hizo caer agonizante.

En el bolsillo interno de su levita, al ser retirado el cadáver, se encontró la sentencia de muerte:

"¡Juraste luchar por la unificación de Italia y traicionaste el juramento! Recordando: 'Juro que jamás abandonaré las armas ni desertaré del Movimiento Patriótico mientras Italia no sea libre y entregada a un gobierno del Pueblo, para el Pueblo. Si yo faltara a este juramento, prestado por mi libre y espontánea voluntad, que el cuello me sea cortado y mi nombre deshonrado y proclamado como el más vil traidor a la Patria y a los Buenos Primos de la Carbonaria Italiana'. ¡Con cosas serias no se juega!"

Como hemos visto, la Carbonaria estaba a leguas de distancia de la Masonería, pero a pesar de ello, siempre fue confundida con la Masonería, incluso por masones inexpertos que creen que en el pasado la Masonería ejecutaba a Hermanos y profanos que no comulgaban con su doctrina. De vez en cuando, oímos a un Hermano decir que la Masonería necesita volver a ser lo que era en el pasado y ejecutar a los malos elementos de la sociedad.

La Masonería en ningún momento ejecutó a los malos elementos de la sociedad. Quien a veces hizo eso fue la Carbonaria o la Santa Vehme; la Masonería no. La Masonería siempre fue pacífica, respetuosa de la ley y el orden. Solo usó su estructura cerrada para conspirar contra los malos regímenes políticos y algunas instituciones nocivas, pero siempre de manera ordenada y pacífica. Sus miembros, sí, a veces, independientemente de sus Logias, se afiliaban a movimientos o grupos vengadores.

Texto extraído del libro "Itambé, Berço Heróico da Maçonaria no Brasil", Ed. "A Trolha", 1996.

¿Una masonería del bosque?

(Recopilado por Salvatore Brienza)

MADERA (Masonería de la Madera). Un término acuñado por Jacques Brengues para designar a los Constructores (carpinteros, ebanistas, etc.) y a los Silvicultores (leñadores, carboneros), cuyos diversos gremios exhiben una evolución histórica comparable a la de la masonería tradicional de la piedra, a través de la transición de operativa a especulativa. La masonería de la madera se basa en un simbolismo muy antiguo cuya dualidad es notable: la madera como material, árbol, bosque, bastón, hacha, carbón, etc.

Masones Forestales en Francia
La unidad de la masonería de la madera nació del pasado, en construcciones tan originales como la tienda de un solo mástil, la cabaña, la logia del silvicultor, casas mixtas de piedra y madera, sin mencionar puentes, torres y fortificaciones. La fuerza de la masonería en los bosques se manifestó vigorosamente en los colegios romanos, entre los Culdeos, en los gremios de oficios libres, las comunidades templarias, las cofradías y las corporaciones, siguiendo un patrón sociológico de evolución paralelo al de la masonería en piedra. A pesar de su apego a los ritos seculares y originales, los carpinteros sufrieron los efectos desastrosos de la Ley Le Chapelier, el cisma de 1804, las influencias adversas (protestantes y católicos) y las corrientes divergentes (el Maestro Jacques y el Maestro Soubise) sin poder experimentar su transformación especulativa.

La misma antigüedad se encuentra entre los silvicultores, cuyo simbolismo tiene sus raíces en mitologías antiguas (Adonis, Mitra, Abrascas) y en la leyenda de San Teobaldo. Secreta y hermética, la masonería en los bosques se abrió muy tardíamente a los «aceptados». 

Capitulo del Real Hacha o
Principe del Líbano 
Hacia 1747, el Caballero de Beauchaine intentó apropiarse de los Ritos de los Leñadores para su propio beneficio, pero fue la Orden de los Leñadores, también conocida como la Orden del Gran Alejandro de la Confianza, la que constituyó el intento más específico de evolución operativa de la Francmasonería de la Madera entre 1760 y 1770. Las circunstancias históricas (la creación del Gran Oriente de Francia, la Revolución Francesa) impidieron el desarrollo de la Orden de los Leñadores. La Francmasonería de la Madera se estableció en los Grados Superiores (Caballero del Hacha Real o Príncipe del Líbano) ya en 1762 y, rechazada por la Francmasonería Andersoniana, creyó haber encontrado su expresión en el aventurismo político del siglo XIX (la Carbonaria italiana, la Charbonnerie francesa), cuyos vestigios aún se descubrían en Portugal en 1911.

Un Nuevo Amanecer
en el Bosque Carbonario
Ciertamente, hubo loables intentos de unión entre la masonería forestal y la masonería rural (Deber de los Leñadores, corpus de Tours), de autonomía regular (Gran Obra General de Construcción de Francia, establecida en el corazón de los bosques, bajo los auspicios de la Naturaleza, en 1809), e incluso de reformismo iniciático (Las Ventas de Roland, en 1833). Ciertamente, los Buenos Primos Carboneros intentaron mantener sus tradiciones hasta 1835 en Francia, y hasta 1879, de forma especulativa, en Inglaterra, entre los "Hermanos Leñadores"; sin embargo, hay que reconocer que los masones forestales ya no existen. (*)

A. Daraul y P. Mariel citan como sucesores a los bolcheviques y sus teóricos, a los grupos políticos de extrema izquierda e incluso a Mao Zedong.

La revolución verde que aún debe producirse para salvar los bosques de nuestro mundo contaminado podría haber sido un propósito fundamental para la masonería de los bosques.

Fuente: ¿Una masonería del bosque?

De: Daniel Ligou (director) - Diccionario de Masonería, Prensas Universitarias de Francia 1987-1998

(*) Decir que no existe una Masonería Forestal es, simplemente, desconocer la realidad histórica de los Ritos en Francia, Portugal, Italia o Brasil. (Nota del Compilador)

LAS BORLAS DEL MANDIL DE MAESTRO (*)

Artículo compartido por el BPr.'. Lafayette y ampliado por el BPr.'. Salvatore Brienza 

🔺🌿📖🌿 🔺

LAS BORLAS DEL MANDIL DE MAESTRO (*)

Los paramentos (indumentarias) tienen una importancia simbólica y cultural en la Masonería, indicando los grados y ritos de quienes los usan. Compitiendo en color y belleza, es común encontrarse con versiones en las que se ven dos cintas que descienden por detrás de la babeta (o solapa) bajada, teniendo borlas metálicas en sus extremos, generalmente en número de siete.

Muchos han sido los escritores masónicos brasileños que se dedicaron a crear significados para estos "flecos", estas cintas y sus borlas de siete esferas metálicas. Xico Trolha fue uno de ellos, quienes describieron las siete esferas como símbolos de las Siete Ciencias Liberales o de los Siete Planetas conocidos en la Antigüedad (547). Pero también existen defensores de la teoría de que las siete esferas indican la edad simbólica del Maestro.

Sin embargo, el origen de estos adornos es más simple. Los mandiles antiguos no tenían elásticos con broches de encaje, sino cuerdas con borlas en sus puntas. Las borlas son un adorno de pasamanería, un mechón formado por numerosos hilos, muy común en las cortinas antiguas.

El uso de borlas es antiguo y tiene un


carácter religioso (Números 15: 37-41). (**)

Estos mandiles antiguos con cuerdas que contenían borlas se amarraban de la siguiente manera: portando el mandil sobre el abdomen con la babeta hacia arriba, el Maestro cruzaba las cuerdas en su espalda, trayendo las puntas al frente del mandil, donde hacía un lazo simple. Luego, bajaba la babeta, la cual escondía el lazo, pero bajo la cual se veían caer las puntas de las cuerdas con las borlas.

Harry Carr confirma que estas cuerdas y borlas de los mandiles antiguos son las antecesoras de las cintas con borlas metálicas de los mandiles actuales, en un intento de preservar la belleza del antiguo amarre, el cual se perdió con los nuevos modelos de broches (548). Así, cualquier simbología que se les otorgue es mera invención.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

(547) TROLHA, X. Símbolos Maçônicos e suas origens - Volume II. Londrina: A Trolha, 1997.

(548) CARR, H. O Ofício do Maçom. São Paulo: Madras, 2012, p. 398

🔺🌿📖🌿 🔺 ISMAIL, K. Breviário Maçônico do Século XXI. Brasília: No Esquadro, 2025.

(*) En muchos Ritos, las Borlas solo forman parte del Mandil de V.'. P.'. M.'., porque corresponden al diseño de los Mandiles de Maestros Instalados o de VVen.'. MMaest.'. Pasados o Past V.'. M.'. (Nota del B.'. Pr.'. Salvatore Brienza)

(**) "Que hagan para ellos tzitzit (flecos) sobre las esquinas de sus vestimentas, a lo largo de sus generaciones y pondrán sobre el tzitzit de cada esquina un hilo de color azul celeste. Y será para ustedes tzitzit, para que lo vean y se acuerden de todos los mandamientos del Eterno y los cumplan y no exploren tras de sus pensamientos y tras de sus ojos, en pos de los cuales ustedes se corrompen; a fin de que recuerden y cumplan todos Mis mandamientos y sean santos para con su Dios (Números 15:38-41)."

(Haciendo una analogía, los Flecos o Borlas de los Maestros, vienen a ser como una reminiscencia del Tzitzit Hebreo y su sentido simbólico, y nos recuerda la edad de los Maestros, el Trivium más el Quadrivium, y todo lo relacionado con el número 7 (Sólo conocido por los Maestros Masones) y que recuerda el espíritu sagrado de portar un Mandil con esas decoraciones) (Nota del BPr.'. Salvatore Brienza)


La Gran Falsificación de 1717

Por Salvatore Brienza

La Instrumentalización Política y Religiosa de la Francmasonería (1649-1813)

Resumen
El presente trabajo examina el proceso mediante el cual la francmasonería primitiva —de carácter republicano, científico y universalista— fue sistemáticamente reconfigurada entre 1649 y 1813 para servir a los intereses de la monarquía británica de la Casa de Hannover y del clero protestante anglicano. 
Lo que aquí se denomina "La Gran Falsificación" no fue un evento aislado, sino una operación histórica articulada en múltiples fases: la absorción institucional de las logias a través de la fundación de la Gran Logia de Londres en 1717, la reescritura de sus principios filosóficos mediante las Constituciones de Anderson (1723), la codificación de la exclusión social y de género como mecanismo de control demográfico interno, y la imposición de los Landmarks como blindaje dogmático e inmutable de todo lo anterior. 

El resultado fue la transformación de una fraternidad de librepensadores en una red de sociabilidad masculina y clasista al servicio del orden monárquico-colonial, incapaz institucionalmente de gestar ningún tipo de transformación social radical.

Los carbonarios y el sentido de la unidad

Por Salvatore Brienza

Cuando el “pagani” es conducido al medio del bosque para ser iniciado, no está solamente entrando a una sociedad de hombres y mujeres que trabajan en la Floresta. Porque ocultos entre los árboles; se entra, en realidad, a una comunidad, con destino en común.

Este tránsito no es individual, sino colectivo. Porque no somos llamados a ser, únicamente, un iniciado, sino a convertirnos en parte viva de una hermandad unida por la leña, por el fuego y por el carbón.

Uno de los signos más antiguos y conmovedores de la recepción consistía en embadurnar el rostro del candidato con carbón o con hollín. A primera vista, podría parecer un acto rústico, casi tosco, nacido de la rudeza del oficio de la carbonería forestal; sin embargo, detrás de aquella “negrura ritual” se escondía una doctrina profunda, una “pedagogía del anonimato” y una filosofía de la unidad.

El carbón no ennegrecía solamente la piel: borraba las diferencias.

Bajo aquella máscara de ceniza ya no existía el noble, el plebeyo, el perseguido, el sacerdote rebelde, el revolucionario o el campesino. Todos eran iguales en la Floresta. Todos quedaban reducidos a una misma apariencia, a una misma sombra, a una misma materia.

Y he aquí la primera enseñanza del Carbonarismo: La unidad comienza cuando desaparecen los signos exteriores que separan a los hombres.

La sociedad profana vive de las distinciones: títulos, apellidos, fortunas, honores, vanidades, rangos, doctrinas y prejuicios. En el Bosque Carbonario, por el contrario, se obliga al neófito a perder el rostro social para adquirir un rostro iniciático. No es casual que esta imagen nos recuerde la sentencia bíblica: “Polvo eres y al polvo volverás.”

Tampoco es accidental que el cristianismo la haya perpetuado en el rito del Miércoles de Ceniza, donde la marca en la frente nos recuerda la fragilidad de la condición humana y la nulidad de todo orgullo. Pero mientras en la liturgia eclesiástica la ceniza llama al arrepentimiento, en la liturgia carbonaria el carbón llama a la fraternidad.

Porque el mensaje no es solamente: “eres mortal” sino, además: “eres igual a tus Buenos Primos y Hermanos.”

El Carbonario debe entender que la primera barrera contra la unidad no está fuera del hombre, sino dentro de él: su ego.

Mientras el iniciado conserve la obsesión por su nombre, por su importancia, por su superioridad o por sus diferencias, jamás podrá fundirse con el cuerpo de la Orden. Al contrario, continuará siendo un individuo dentro de una asamblea, pero no un Buen Primo dentro de una cadena que debe unirnos al fortalecerse cada eslabón. Por ello el ennegrecimiento ritual del rostro posee un carácter casi sepulcral: es la muerte del antiguo yo.

La negrura hace desaparecer la fisonomía particular; y cuando el rostro desaparece, también desaparecen simbólicamente la pretensión de la individualidad. El candidato deja de ser “alguien” para comenzar a ser “uno entre todos”.

Y este es un principio fundamental del Carbonarismo: la Barraca no se sostiene por el brillo de individualidades, sino por la cohesión de una voluntad en común.

Recordemos que “una sola brasa se extingue rápidamente. Un montón de brasas reunidas produce calor permanente”.

Los perseguidos en el bosque

Los antiguos carboneros del Jura, de Hannover y de la Floresta Negra vivían entre persecuciones y allí, acudían los fugitivos políticos, herejes, republicanos, patriotas o disidentes que encontraban en la espesura de la Floresta un santuario de resistencia. Los bosques siempre fueron el refugio de los “los que no pensaban igual”.

Por eso cubrir el rostro con hollín tenía, ciertamente, una función práctica: ocultar la identidad ante los paganos y ante los enemigos.

Pero el símbolo siempre supera a la utilidad. Cuando todos están ennegrecidos, nadie destaca. Cuando todos son sombras, nadie es delatado por su singularidad.

La comunidad entera se vuelve un solo cuerpo clandestino. Esto nos muestra que la unidad carbonaria no es sentimental; es orgánica.

No se trata simplemente de “llevarse bien” o de “pensar parecido”. Se trata de entender que el destino de uno está ligado al destino de todos. El perseguido, el exiliado o el revolucionario no triunfa solo. La Barraca es refugio porque es unidad.

La Floresta no protege al árbol aislado, sino al conjunto del bosque. Y es por eso que el Carbonarismo nunca fue una masonería aristocrática de salones ni una escuela de disertaciones urbanas. Fue una masonería del pueblo, de hombres y mujeres endurecidos por la intemperie, por el hambre, por la persecución y por el trabajo. Su fraternidad no era teórica. Era una fraternidad de supervivencia.

La masonería del bosque

La masonería que florece en las ciudades construye templos de piedra, que son fríos y si no son habitados muere. La masonería del bosque construye templos de necesidad. Una surge del orden arquitectónico. La otra surge de la urgencia de permanecer juntos dentro de la misma naturaleza.

En el Carbonarismo, el sufrimiento compartido es el cemento de la unidad. Quien ha pasado frío junto al mismo fuego, quien ha escondido su nombre bajo el mismo hollín, quien ha comido el mismo pan duro en la misma choza, comprende que la fraternidad no es una palabra ceremonial, sino una dependencia mutua.

Aquí radica una gran lección para nosotros: Las Órdenes iniciáticas se debilitan cuando se vuelven conjuntos de egos ilustrados; se fortalecen cuando vuelven a ser comunidades de destino.

No basta reunirse. No basta abrir trabajos. No basta con recitar fórmulas. No basta lucir los mandiles o llamarse pomposamente, con grandes títulos. Es necesario sentir que el Buen Primo y Hermano no es sólo alguien que asiste a la reunión, sino que es una extensión de nuestro propio ardor.

La unidad en la carbonaria moderna

Hoy ya no vivimos escondidos en el Jura ni huimos por la Floresta Negra. No tenemos inquisidores tras nuestras espaldas ni soldados registrando nuestras barracas. Sin embargo, los enemigos de la unidad siguen existiendo, aunque adopten formas más sutiles: la vanidad, el personalismo, la ambición de mando, la fragmentación doctrinal, las rivalidades internas, el deseo de figurar más que de servir. Todos estos son rostros “del viejo yo pagano” que el carbón debe cubrir.

Por ello, cada vez que pensamos es ese hollín iniciático, debemos preguntarnos: ¿hemos dejado realmente nuestro rostro profano fuera de la Barraca o seguimos entrando con nuestras pretensiones intactas?

La unidad carbonaria no consiste en uniformidad de pensamiento, sino en subordinación del interés individual al fuego común. Así como distintos troncos producen un solo carbón, distintos temperamentos deben producir una sola Orden.

La leña no pregunta cuál rama será la más visible cuando arda; simplemente se consume para alimentar el horno, el brasero o la chimenea. Ese es el ideal. Servir antes que destacar. Sostener antes que imponer. Fundirse antes que dividir.

“Todos somos uno”

El rostro cubierto de carbón nos deja una de las imágenes más poderosas del Rito. Porque allí donde el mundo exige identidad, el Carbonarismo exige comunión. Allí donde la sociedad celebra el nombre, la Barraca celebra el anonimato fraternal. Allí donde el ego busca distinguirse, el hollín lo vuelve indistinguible. Y cuando todos son indistinguibles, entonces todos son uno.

El carbón nos enseña que la verdadera unidad no nace del discurso, sino de la combustión conjunta. No somos llamas aisladas. Somos hornilla. No somos árboles dispersos.
Somos árboles en el Floresta. No somos hombres separados por su historia profana.

Somos Carbonarios, ennegrecidos por el mismo fuego y hermanados por la misma ceniza. Jamás olvidemos, entonces, que el primer mandamiento de la Floresta es éste: arder juntos para no extinguirnos separados. “Todos somos uno”

  ¡¡¡Ventaja y Buena Vida para todos!!!

La Carbonería en Terra di Lavoro


Recopilado por 
Angel Martino


 
Tras la derrota de la República Napolitana, los patriotas de Terra di Lavoro se reorganizaron a través de la Carboneria en coordinación con los patriotas de las provincias vecinas de Salerno y Avellino, donde la Carboneria tenía buenas bases, antes de los levantamientos de 1820-21, precisamente desde 1817.
Profesionales, clérigos, estudiantes, artesanos y militares se unieron a ella. En cuanto al número de clérigos, según una investigación del historiador Rosolino Chillemi de Capua (Clero y Carbonería en Capua y Caserta en los Documentos del Príncipe de Pianosa), solo en la diócesis de Capua, el número de miembros del clero de la Carbonería ascendía a 220.
Así, antes de los movimientos insurreccionales de 1820-21, la Carbonería de Terra di Lavoro era muy activa en toda la provincia, especialmente en las ciudades de Capua, Aversa, Santa Maria y Nola.
Recordemos que el nombre “Carbonería” deriva del hecho de que los miembros de la organización habían tomado su simbolismo y rituales de la profesión de carboneros, es decir, de aquellos que preparaban el carbón y lo vendían al por menor.
La organización, jerárquica, era muy rígida: los núcleos locales, llamados "barracches", se insertaban en grupos más grandes, llamados "vendite". En este sentido, un documento de la Biblioteca del Museo Campano nos proporciona la información sobre las Venditas en varias zonas de la provincia de Terra di Lavoro, ocho de las cuales estaban en Capua:
  • Los Triunfadores en los Bastiones de Santa Caterina,
  • Los Seguidores de Pitágoras en el Bastión de San Carlo,
  • Los Campani Felices en el Bastión de Santa Amalia,
  • La Formia en el Bastión de Aragón,
  • La Campania Riunita en el Bastión del Conde,
  • Los Seguidores de Marte en el Bastión de Olivarez,
  • La Casilina en el Bastión de Sperone y
  • La Perfezione.
En Santa María encontramos seis ventas:
  • Marte el Filántropo,
  • Los Hijos de Catón,
  • Los Campanianos Libres,
  • Los Amigos de la Concordia,
  • La Unión Perfecta,
  • Horacio en el Puente.
En Caserta se realizaron cinco ventas:
  • Virtud y Vigilancia,
  • Los Defensores de la Libertad,
  • Los Espartanos en las Termópilas,
  • Verdadera Constancia,
  • El Juramento Terrible,
A las que hay que añadir una en la antigua Caserta: "Victoria o Muerte".
En Aversa había cuatro puntos de venta:
  • Los Verdaderos Liberales,
  • Vigilancia en los Bosques,
  • Los Hijos de Taburno,
  • Los Verdaderos Hijos de Marte.
En Frignano estuvieron presentes:
- Los Hijos de Ceuma, 
  • - Los Amigos de la Patria y el Delubro di Marte.
Todos los demás se encuentran en pueblos más pequeños:
dos en Grazzanise
  • Los israelitas liberados,
  • Los imitadores de Attilio Régulo,
Dos en Giano
  • Los verdaderos hijos de Constanza,
  • Los verdaderos hijos de un padre,
Dos en S. Nicola la Strada
  • Los verdaderos hijos de la caridad,
  • Los hijos del Estigia,
Dos en Maddaloni
  • Escipión el Africano,
  • Catón en Ustica,
Dos en Marcianise
  • La Nueva Alianza,
  • Los amigos de la independencia,
Dos en Casal di Principe
  • Los enemigos de la ambición,
  • La Selva Negra.
A continuación se ofrece una venta de carbonara en cada uno de los siguientes pueblos:
  • Cancello (La Unión Perfecta),
  • Arnone (La Escuela del Honor),
  • Pignataro (La Virtud Triunfante),
  • Pastorano (Los Habitantes de Montemarano),
  • Camigliano (Los Defensores de la Patria),
  • Sparanise (La Torrefiorita),
  • Calvi (Los Hijos de Temístocles),
  • Curti (Los Hijos de Apolo),
  • San Prisco (Los Héroes de la Libertad),
  • Casanova (Los Verdaderos Hijos del Honor),
  • Casapulla (La Antigua Galaxia en las Montañas Tifatini),
  • A Valle (Muzio Scevola),
  • Cervino (Los Hijos del Coraje),
  • Formicola (La Felicidad Reconocida),
  • Schiavi (Los Constantes de la Persecución),
  • Latina (Los Seguidores de Catón),
  • Succivo (Minerva y la Muerte),
  • Teverola (Minerva),
  • San Marcellino (La Virtud Rebelde),
  • Lusciano (El Valiente Meli),
  • Parete (Los Defensores de la Religión),
  • Recale (Marte Filántropo),
  • Limatola (Los compañeros de Muzio Scevola),
  • Melizzano (Los Telesini Libres),
  • Sant'Agata dei Goti (Los seguidores de Minerva),
  • Teano (Los perseguidores del vicio),
  • Vairano (Los hijos de la independencia y la libertad),
  • Pietramelara (Los hijos de Esparta),
  • Pietravairano (Las fortalezas inexpugnables),
  • Riardo (Los campeones fuertes),
  • Solopaca (Los defensores de la regeneración).
En la última venta de los Carbonari no se menciona ningún título, pero sí se indica al Gran Maestro Orabona Luigi di Aversa.
La documentación de archivo nos permite integrar esta lista con las ventas repartidas por los territorios de Nola, Gaeta y Sora, que en aquellos años formaban parte de Terra di Lavoro.
En el libro de los Carbonari investigados por la policía en el distrito de Gaeta lo que permite sumar otras 18 ventas de Carbonari en ese territorio: 
  • Carinola (Foro Claudio) , 
  • Casale di Carinola (Grotte Silvana) ,
  • Francolise (Iacopo Hortis),
  • Sant'Andrea del Pizzone (Los verdaderos hijos de la gloria),
  • Mondragone (Gaudio Faudio),
  • Itra (La antigua Mamurra),
  • Gaeta (Los hijos de Lucio).
  • Atratino), Castellone (Los hijos de la antigua Formia),
  • Pastena (Los antiguos volscos),
  • Roccaguglielma (Los héroes de Guglielmo),
  • San Pietro in Curolis (El destructor de los tiranos),
  • Fratte (La nueva Ausonia),
  • Coreno (Los reformadores del antiguo Casale y los amigos de Costanza),
  • Traetto (Los Minturnesi resucitados),
  • Santi Cosma y Damián (La obediencia filial),
  • Spigno (Libertad, reivindicado por el ardor de Spigno),
  • Castelforte (Acquaviva).
En el distrito de Nola tenemos información sobre los nombres de las ventas de carbonari de las siguientes localidades:
  • Avella (Los seguidores de Escipión y el Mentor),
  • Acerra (Los espartanos de las Termópilas y los hijos de Esparta),
  • Airola (Los samnitas victoriosos),
  • Arpaia (Los seguidores de Poncio),
  • Baiano (Los campanos regenerados),
  • Cicciano (Amigos del Clanio),
  • Carbonara (Los hijos de la larga verdad de la ambición),
  • Lauro (Corona de laureles),
  • Nola (Los seguidores de Marcelo),
  • Roccarainola (El Gaudo iluminado),
  • Saviano (Los seguidores de la verdad),
  • San Felice (Los seguidores de Bruto Segundo),
  • Santa María a Vico (Los seguidores de Muzio Scevola),
  • Visciano (Los hijos de Prometeo) y
  • Palma (Los seguidores de Astrea).
En el caso de Sorano, los documentos no indican el nombre de las ventas, pero proporcionan una lista de los miembros de la Carbonería, cuyo mayor número se encuentra en los siguientes municipios:
  • Avito, Vicalvi, Settefrati, Arce, Fontana, Colle San Magno, Arpino, Schiavi, Santo Padre, Atina, Picinisco, Cervaro, Vallerotonda, San Vittore, Mignano, San Germano, Sant'Angelo, Terelle, Aquino, Villa Santa Lucia, Sora, Isola, Castelluccio, Brocco, Pescosolido.
Cada venta estaba compuesta generalmente por no menos de diez a quince carbonarios, a veces entre veinte y treinta. Por lo tanto, es fácil comprender cuán vivos estaban los ideales del Risorgimento, con tantos patriotas dispuestos a participar en los grandes acontecimientos que llevarían a la solicitud de la constitución en 1848.
  
Fuente: https://www.casaledicarinola.net/2015/05/18/la-carboneria-in-terra-di-lavoro/
 

Logias en el Valle de Hernandarias

 Por Salvatore Brienza

Esta Plancha, lo hacemos con el ánimo sereno y la conciencia despierta, sabiendo que "la Memoria es una de las columnas invisibles que sostienen a la Orden". Sin memoria no hay identidad; sin identidad, el Trabajo se vuelve frágil y la Obra pierde su sentido trascendente.

En nuestro país —y no podemos negarlo sin faltar a la Verdad— es muy común olvidar la historia, minimizar los hechos o atribuirse logros que otros han realizado con esfuerzo silencioso, sacrificio constante y compromiso inquebrantable. Esta Plancha nace, precisamente, como "un acto de Justicia Masónica": reconocer, nombrar y honrar a quienes sembraron cuando aún el terreno era árido y el clima adverso.

En el Valle de Hernandarias la masonería no se forjó por generación espontánea. Fue levantada piedra sobre piedra por Hermanos y Hermanas que, sin buscar honores ni recompensas, asumieron la pesada tarea de encender la Luz donde aún dominaban las sombras. 

No hay intención de promocionar a tal o cual obediencia, mucho menos discutir regularidades e irregularidades, porque esos son conceptos que etiquetan y dividen a la fraternidad. 

Reconocer que en la historia paraguaya hubo, y hay aún, un primer espacio donde "se elevaron Templos a la Virtud y se cavaron Fosas a los Vicios", es el verdadero objetivo de este trabajo.

Logo Referencial
Entre los primeros talleres debemos destacar con respeto y gratitud a la Respetable Logia “Giordano Bruno”, cuyo espíritu libre y firme en la defensa del pensamiento iluminado marcó el inicio de los trabajos simbólicos con esfuerzo y valentía intelectual, para constituirse en Logia y construir un Templo.

Reconocemos también a la Logia “Frank Sherman Land N° 194”, que supo sostener el Trabajo regular en tiempos complejos, afirmando la disciplina, la perseverancia y el valor del método como herramientas esenciales para la construcción del Templo Interior y Colectivo. En su mayoría, los Hermanos de esta Logia, formaron parte de la Orden de Molay, y es por ello meritorio el esfuerzo de los sobrinos.

Omitir la labor de la Logia “Hugo de Payen’s N° 2”, cuyo nombre evoca el ideal caballeresco del compromiso, la lealtad y el sacrificio al servicio de un propósito superior. Su presencia aportó solidez, orden y continuidad a los Trabajos en el Valle, cuando aún todo estaba por hacerse.

Del mismo modo, la Logia “María Magdalena N° 3” representa una expresión profunda de inclusión femenina en el simbolismo masónico, sensibilidad espiritual y búsqueda de equilibrio, recordándonos que la Sabiduría no se manifiesta únicamente en la fuerza, sino también en la comprensión, la constancia y la fidelidad al Misterio. Es la Primera Logia Femenina en la ciudad del Hernandarias, que puede recibir a miembros masculinos en sus Sesiones, cuya fuerza da valor y brillo a los trabajos de la obediencia a la que pertenecen.

Junto a las Logias (Masonería de la Piedra), es justo destacar la labor de la Venta Carbonaria “Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia” (Masonería Forestal o de la Madera), heredera de una tradición iniciática de resistencia, pensamiento emancipador y compromiso con la soberanía moral y espiritual. Su aporte al Valle no fue accesorio, sino complementario y decisivo, fortaleciendo los Climas y ampliando el horizonte fraternal.

Nombrar estas Logias y esta Venta no es un simple ejercicio protocolar. Es un acto de reparación simbólica y de enseñanza. Porque quien no reconoce a los que vinieron antes, difícilmente podrá reclamar con legitimidad el fruto del Trabajo presente  o del futuro. La verdadera "Grandeza Masónica" no consiste en apropiarse de la Obra ajena, sino en continuarla con humildad y responsabilidad.

Que esta Plancha sirva para dejar constancia escrita de que el Valle de Hernandarias tiene una rica historia de las Logias que han estado funcionando o siguen funcionando, que tiene cimientos sólidos y tiene nombres propios para ser mencionados. 

Que sirva también como advertencia fraterna a las generaciones futuras: porque la Luz que hoy disfrutamos fue encendida por otros, y nuestra obligación no es apagarla con el olvido o el menosprecio, sino alimentarla con la Verdad, la Memoria y el Trabajo Justo y Perfecto.

Es importante aclarar, que no queremos poner a ninguno por encima del otro, pero sí reconocer que el esfuerzo y la grandeza de los Hermanos y Hermanas es lo que vale la pena.

¡¡¡Loor eterno a la Masonería que siempre nos acerca a la Luz!!!

LA CARBONARIA por Xico Trolha

Francisco de Assis Carvalho, conocido como Xico Trolha Compilado por Salvatore Brienza (Xico Trolha es el seudónimo de Francisco de Assis Ca...