Lafayette: la Revolución y los Secretos de la Charbonnerie

Por Salvatore Brienza 

Hoy, 14 de Julio, se recuerda la Toma de Bastilla, símbolo y hecho principal de la Revolución Francesa, que dió origen a la implementación universal de los derechos del hombre y del ciudadano.

Y para recordar este momento histórico, quiero hablarles del Marqués de Lafayette.

Trazar la historia del G'.' M'.' BPr'.' Gilbert du Motier, Marqués de Lafayette, es entrar en el alma misma del Siglo de las Luces y en la consagración práctica de nuestros más puros ideales. Lafayette no fue solo un hombre de espada, sino un constructor de repúblicas en ambos lados del Atlántico.

Mandil de Lafayette 

En su figura se entrelazan de forma indisoluble la utopía masónica, el torbellino de la Revolución Francesa y la persistencia iniciática del Carbonarismo, demostrando que el verdadero iniciado trabaja tanto en el silencio del templo como en el clamor de las plazas públicas.

Iniciado a la temprana edad de 19 años en una logia militar de origen francés antes de embarcarse hacia América, Lafayette entendió rápidamente que la Masonería era el vínculo intelectual de una nueva era. 

Lafayette y Washington 
Al llegar a lo que hoy es los Estados Unidos, no solo aportó recursos y juventud a una nación naciente, sino que reconoció en el General George Washington a un Hermano. El abrazo de Lafayette y Washington consolidó un puente de fraternidad que unió indisolublemente a dos naciones.

Alcanzando el grado de Mayor General en el Ejército Continental, Lafayette demostró que la Libertad no es una entelequia teórica, sino un derecho natural que debe ser defendido con la espada y el puñal. El lazo de amor que lo unió al Libertador americano, descrito décadas después por el presidente John Quincy Adams como "más fuerte que la muerte", es el vivo reflejo del juramento de fidelidad masónica que trasciende las fronteras del tiempo, la distancia y la tumba.

Venta Carbonaria 

A su regreso a Europa, imbuido de los aires de progreso del Nuevo Mundo, Lafayette se convirtió en un líder indiscutible del pensamiento Revolucionario Frances, mencionado por Chateaubriand, como el G'.' M'.' de la Alta Venta de los Carbonarios. En él, los principios  de "Libertad, Igualdad y Fraternidad" encontraron un estilo de vida. 

En este convulso escenario, Lafayette buscó el equilibrio en medio de la polarización extrema. Desde su posición representó el intento de erigir un orden civil virtuoso, equidistante tanto del despotismo monárquico absolutista como del caos jacobino y la tiranía del terror. Su familia y él mismo fue perseguida y en algunos casos asesinados por el despotismo de Robespierre.

Su labor abolicionista y su férrea defensa de los derechos de la mujer y de la libertad de conciencia reflejan la universalidad del rango que portaba con indudable orgullo.

Emblemas Carbonarios 
Tras la restauración borbónica, cuando las luces de la razón parecían eclipsarse bajo el yugo de la Santa Alianza, el Q.'. H.'. y BPr'.' Lafayette no se retiró a la comodidad del silencio. Es en este periodo oscuro de la década de 1820 donde el Vizconde de Chateaubriand, en sus Memorias de ultratumba, nos presenta al veterano general como el gran arquitecto de la oposición liberal y, significativamente, como el cerebro tras la Charbonnerie (el Carbonarismo francés).

Para Chateaubriand y los defensores del viejo orden monárquico, estas sociedades secretas eran una "conspiración general" que amenazaba con deshacer la Europa cristiana y dinástica, introduciendo el modelo insurreccional italiano en los cuarteles franceses. Sin embargo, para un iniciado, la Charbonnerie representaba la continuación del trabajo simbólico bajo condiciones de persecución. Al adoptar la estructura y los rituales de los carbonarios —los cuales compartían hondas raíces simbólicas y morales con la masonería—, Lafayette actuó como un verdadero "Ciudadano de Dos Mundos", comprendiendo que cuando la tiranía cierra las logias y la libertad del pensamiento, el espíritu revolucionario de los "hombres y mujeres libres y de buenas costumbres" debe reunirse en los bosques y en las catacumbas de la clandestinidad como la "Alta Venta Carbonaria Universal".

Templo de la A'.' V'.' C'.' U'.'

Estimados BB'.' PPr'.' y HH.'., la vida de Lafayette nos invita a reflexionar sobre el verdadero significado de nuestro compromiso Masónico y Carbonario. El compás nos marca la justa medida de nuestras acciones, pero la escuadra nos exige rectitud y valentía frente a las injusticias del mundo exterior y la navaja nos ayuda a podar aquello que ya no sirve para el árbol que debe crecer libre de ramas y hojas que se pudren y no nutren a nuestra Orden. 

Lafayette no fue un iniciado de salón; fue un francmasón y Carbonario de acción que entendió que los templos dedicados a la virtud deben sostenerse sobre las columnas de la práctica social.

En su célebre gira de 1824 por los entonces 24 estados de la Unión americana, donde fue aclamado como el último General vivo del Ejército Continental, nos enseña que las ideas de Libertad, Igualdad y Fraternidad son inmortales. Aunque los historiadores debatan sobre los usos de su memoria, el lema «¡Allá vamos, Lafayette!» con el que las tropas estadounidenses desembarcaron en Francia durante la Gran Guerra demuestra que las deudas de gratitud de las almas libres jamás prescriben.

Que la memoria de nuestro Q.'. H.'. y BPr'.' el Marqués de Lafayette inspire nuestros trabajos diarios, recordándonos que el desbastar la piedra bruta o descortezar la madera, no es solo un acto de perfeccionamiento interior, sino la preparación indispensable para construir una sociedad más justa, libre y fraternal.

Viva el BPr'.' Lafayette 
Viva la Libertad!!!
Viva la Igualdad
Viva la Fraternidad!!!

RITO FORESTAL CARBONARIO SE CONSOLIDA


Por Salvatore Brienza

Junio de 2026  

En una jornada que quedará grabada en los anales de las sociedades filosóficas e históricas de la región, el Bosque de Hernandarias y la Floresta del Paraguay se convirtieron en el epicentro de la fraternidad universal. El Rito Forestal Carbonario vivió una de sus fechas más trascendentales al conjugar la inauguración parcial de su nueva infraestructura, el nacimiento de nuevos iniciados y la consolidación de su estructura jerárquica nacional.  

Vista del Naciente 
El Templo, una sencilla cabaña Carbonaria  construida a pulso gracias al sacrificio, la entrega y el apoyo incondicional de cada uno de los Buenos Primos, Primas, Hermanos y Hermanas de la orden masónica universal, abrió sus puertas mostrando una armónica comunión entre la sobriedad arquitectónica del humilde carpintero que lo construye  y el profundo misticismo forestal. Aunque finalizado parcialmente para la ocasión, el recinto ya se erige como un espacio para cultivar las virtudes, estando previsto que el proceso de edificación continúe de forma progresiva bajo la égida de las nuevas autoridades.  

Fuego, Tradición y Nuevos Obreros

Bajo una atmósfera cargada de solemnidad, la RVC Dr. José Gaspar Rodríguez de Francia  cobijó la Sesión Magna de Iniciación de cuatro paganos. Los postulantes, tras haber superado las rigurosas pruebas de la naturaleza y el examen de sus calidades morales, dejaron atrás el mundo profano para recibir el fuego purificador de la Carbonería. Los nuevos Buenos Primos asumieron formalmente el sagrado compromiso de labrar la Madera, defender la justicia social y expandir los valores de la Orden.  

Vista del Templo y la Ceremonia 

El misticismo del ritual se vio notablemente enriquecido por una nutrida concurrencia de Buenos Primos del Brasil, de Paraguay, Hermanos y Hermanas visitantes, representantes de diversas Potencias Masónicas de la Región, quienes asistieron vistiendo sus respectivas regalias y mandiles tradicionales, sellando un lazo indisoluble de mutuo reconocimiento, unidad y concordia universal.  

Un Hito Institucional para la Región

El Hierofante de la AVCU
BPr.'. Walmir F. Battu,
entrega del Diploma de
GM de la AVC del Paraguay
al BPr.'. Silvio L. Benítez L.
El momento cumbre y de mayor envergadura político-institucional de la jornada se vivió cuando el Templo contuvo el aliento para el acto de confirmación formal. El BPr.'. Walmir F. Battu, 33° (Giuseppe Garibaldi), en su alta investidura como Hierofante de la Alta Venta Carbonaria Universal, tomó la palabra entre los Climas de los Valles para reconocer el esfuerzo de todos quienes acompañan la construcción del Templo y a la Orden Masónica del RFC.  

Con la solemnidad que el acto requería, el Hierofante ratificó y confirmó oficialmente al Buen Primo Silvio Luis Benítez López, 33° (Salvatore Brienza) como el nuevo Gran Maestro de la Alta Venta Carbonaria del Paraguay. La entrega del diploma acreditativo, extendido en pergamino ceremonial, fue recibida con júbilo por la asamblea.  

Autoridades de distintas
Potencias Visitantes 

Este nombramiento otorga a la Alta Venta Carbonaria del Paraguay la autonomía jurídica y la regularidad ritual indispensables para regir de forma soberana sus propios destinos. Asimismo, dota a la nueva Gran Maestría de las facultades necesarias para guiar la expansión ordenada y fiel de este antiguo rito en todo el territorio nacional, consolidando los preceptos del I Conciliábulo de la Masonería Forestal Carbonaria, garantizando que está nueva etapa en el Rito Forestal Carbonario, sigue los principios consignados en el 2004, año en que ingresan los primeros Carbonarios al Paraguay.  

Al concluir los trabajos, los Buenos Primos y Grandes Representantes de las Altas Potencias Masónicas presentes coincidieron en reconocer la Gran Tarea realizada por los "Buenos Primos Carbonarios" y  que la inmensa responsabilidad espiritual y material que ahora descansa sobre los hombros de la Orden Masónica del RFC que será el motor de una abundante cosecha de luz para toda la sociedad desde sus trabajos místicos.  

BB.'. CCarb.'. y el H.'. Carpintero

LA CARBONARIA por Xico Trolha

Francisco de Assis Carvalho,
conocido como Xico Trolha
Compilado por Salvatore Brienza

(Xico Trolha es el seudónimo de Francisco de Assis Carvalho, uno de los escritores e investigadores más importantes de la masonería en Brasil. Fue un prolífico autor de libros sobre ritos, símbolos y costumbres de la orden masónica, además de haber fundado la Editora A Trolha. )

Sobre la Carbonaria, el único escritor en Brasil que realmente se dedicó a aportar algún esclarecimiento fue el Hermano Adelino de Figueiredo Lima, uno de los primeros cuestionadores de algunas de las secuelas que debilitaron nuestra Orden y que aún la debilitan. Sin embargo, este trabajo no abarca ese tipo de asuntos, razón por la cual vamos a transcribir únicamente una breve introducción que él hizo sobre la Carbonaria:

"Ninguna Sociedad Secreta fascinó tanto a las multitudes sedientas de su libertad, o de la independencia política conquistada a costa de lágrimas y sangre, como la Masonería Forestal, más conocida como 'Carbonaria', por haber sido fundada por los carboneros de Hannover como una asociación de defensa y de acción contra los opresores y asaltantes de su clase. Constituida en el último cuarto del siglo XV, no entró en la Historia como organización de carácter político sino hasta después de la Gran Revolución Francesa."

En Italia adquirió fama de violenta y sanguinaria, e introducida en Francia por orden de Napoleón, no tardó en convertirse en la más poderosa fuerza opositora al expansionismo del gran corso, luchando contra él en Francia, Austria, España y Portugal.

El nombre de "Masonería Forestal" le vino después de que estalló en Italia y en Francia. "Masonería", porque los masones la propagaban y la protegían; "Forestal", porque las iniciaciones de sus miembros recordaban a las de los antiguos carboneros de Hannover, realizadas en los bosques más densos, a cubierto de las miradas extrañas.

Los Carbonarios, antes de ser investidos con los Secretos de la Orden, pasaban por duras pruebas y prestaban los más terribles juramentos, como este, que firmaban con su propia sangre:

"Juro ante esta asamblea de hombres libres que cumpliré las órdenes que reciba, sin discutirlas y sin vacilar, ofreciendo mi sangre en holocausto para la liberación de la Patria, la destrucción del enemigo y la felicidad del Pueblo. Si faltara a este juramento, o traicionara los designios de la Poderosa Masonería Forestal, que la lengua me sea arrancada y mi cuerpo sometido al fuego lento por no haber sabido honrar a la Patria que fue mi cuna."

Solo después de este juramento el candidato recibía las insignias de "Buen Primo" (las insignias de Buen Primo consistían en un balandrán negro y capucha, llevando bordado en blanco, en el pecho, un puñal —el puñal de San Constantino— con la empuñadura en forma de cruz entrelazada con una cruz cristiana). El puñal de San Constantino no consistía únicamente en un dibujo bordado en el pecho del balandrán negro; era también un arma blanca que todos los carbonarios usaban —también en sus ejecuciones— como símbolo de la Orden a la que pertenecían.

El balandrán negro de los líderes, en lugar del puñal y la cruz entrelazados, llevaba bordado en el pecho, en dorado, un sol radiante.

El grito de guerra de los carbonarios consistía en que cada uno levantara su puñal muy alto. Normalmente, las reuniones de los tribunales carbonarios se realizaban, a ejemplo de los carboneros de Hannover en el pasado, en pleno bosque, bien distantes de las miradas curiosas e indebidas.

Sus juicios eran implacables y sus reos, si eran condenados, se ejecutaban con la máxima eficiencia. El carbonario era, a veces, juez y verdugo al mismo tiempo. Sus afiliados jamás podían traicionar a la Orden (los que la traicionaron siempre fueron ejecutados de manera ejemplar) y se convertían en carbonarios o ejecutores de las órdenes de la "Alta Venta". En cada país, la organización de la "Masonería Forestal" obedecía al esquema italiano:

La "Alta Venta", cuerpo deliberativo superior, estaba compuesto por un Delegado de cada "Barraca", compuesta a su vez por un Delegado de cada "Cabaña"; y las "Cabañas" estaban formadas por un Delegado de cada "Choza". Por encima de la "Alta Venta" estaba, sin embargo, la "Joven Italia", compuesta por un triunvirato que, en las luchas por la unificación y por la caída del poder temporal de los Papas, estuvo constituido por Cavour, Mazzini y Garibaldi.

La Carbonaria Italiana, al principio, fue protegida por el carbonario Lucien Charles Napoleón Murat —general de Napoleón Bonaparte— y príncipe de Pontecorvo, hijo del mariscal Murat, nacido en Milán en 1803. Él abandonó Italia en 1815 con la derrota de Napoleón en Waterloo (el 18 de julio de 1815), habiendo sido capturado en España. Tras su liberación, se trasladó a los Estados Unidos en 1825. Allí se casó y regresó a París en 1848.

Más tarde, Murat fue elegido Gran Maestre del Gran Oriente, logrando un progreso muy grande en el levantamiento de la Obediencia con la fundación de muchas logias nuevas.

Uno de los elementos que se debe destacar en la Carbonaria Italiana —no por sus actos patrióticos, sino por su traición a la Carbonaria— es el conde Pellegrino Rossi. Rossi tuvo dos actitudes distintas: en su juventud, fue uno de los más activos propagandistas de los ideales de la Carbonaria, mereciendo el respeto de todos los Buenos Primos. Sin embargo, de un momento a otro, se pasó a las filas enemigas.

Rossi se alió con el Papa Gregorio XVI con la finalidad de conseguir del Papa condenas a las acciones de los jesuitas. En ese ínterin, muere Gregorio XVI y sube al Trono de San Pedro el Papa Pío IX, al cual Rossi se unió en cuerpo y alma. Rossi, que había ido hasta Roma para combatir el jesuitismo, regresa como un fiel defensor de los Hermanos de Ignacio de Loyola.

Fue proscrito de la Carbonaria en 1820 y se convirtió en un nuevo Saulo, convirtiéndose a los ideales del Papa.

— ¡Era el nuevo Judas! —, gritaban en todas las "Barracas", con puñal en alto, los Buenos Primos, sus antiguos compañeros.

Conocedor como era de los métodos de sus antiguos compañeros, Rossi tuvo mucha facilidad para señalar a sus líderes y llenar las prisiones de la Ciudad Eterna, dando un tremendo golpe al movimiento revolucionario.

Rossi se dedicaba cada vez más a una acción represiva, sin pensar que —desde la más humilde "Choza" hasta la más pujante "Barraca", y con Giuseppe Mazzini teniendo el control de todas las "Altas Ventas"— los puñales de San Constantino se levantaban y describían en el aire el ángulo recto de las decisiones fatales. La sentencia estaba dictada, terrible e implacable.

Se había fijado una reunión para el día 15 de noviembre, a la 1 de la tarde, con el Ministro Conde Pellegrino Rossi.

Había dicho Rossi el día anterior: "Si me dejan hablar, si me dan tiempo para pronunciar mi discurso, no solo Italia estará a salvo, sino que quedará definitivamente muerta la demagogia de la Península". La demagogia de la península era el movimiento carbonario.

"La causa del Papa es la causa de Dios". Y el conde Pellegrino Rossi bajó las escalinatas y subió al carruaje que lo llevaría al Parlamento.

Al llegar a la plaza, el carruaje atravesó lentamente a la multitud, entró por la puerta del Palacio y se detuvo frente al vestíbulo, donde Pellegrino Rossi fue recibido con silbidos y gritos enfurecidos: — ¡Abajo el traidor! — ¡Muerte al vendedor de la Patria!

Solo entonces Rossi se dio cuenta de que no toda la conciencia nacional estaba encarcelada en Civitavecchia.

Esbozó una sonrisa forzada hacia la multitud y, cuando se disponía a continuar la marcha, recibió un golpe en la carótida —especialidad de los Buenos Primos— que lo hizo caer agonizante.

En el bolsillo interno de su levita, al ser retirado el cadáver, se encontró la sentencia de muerte:

"¡Juraste luchar por la unificación de Italia y traicionaste el juramento! Recordando: 'Juro que jamás abandonaré las armas ni desertaré del Movimiento Patriótico mientras Italia no sea libre y entregada a un gobierno del Pueblo, para el Pueblo. Si yo faltara a este juramento, prestado por mi libre y espontánea voluntad, que el cuello me sea cortado y mi nombre deshonrado y proclamado como el más vil traidor a la Patria y a los Buenos Primos de la Carbonaria Italiana'. ¡Con cosas serias no se juega!"

Como hemos visto, la Carbonaria estaba a leguas de distancia de la Masonería, pero a pesar de ello, siempre fue confundida con la Masonería, incluso por masones inexpertos que creen que en el pasado la Masonería ejecutaba a Hermanos y profanos que no comulgaban con su doctrina. De vez en cuando, oímos a un Hermano decir que la Masonería necesita volver a ser lo que era en el pasado y ejecutar a los malos elementos de la sociedad.

La Masonería en ningún momento ejecutó a los malos elementos de la sociedad. Quien a veces hizo eso fue la Carbonaria o la Santa Vehme; la Masonería no. La Masonería siempre fue pacífica, respetuosa de la ley y el orden. Solo usó su estructura cerrada para conspirar contra los malos regímenes políticos y algunas instituciones nocivas, pero siempre de manera ordenada y pacífica. Sus miembros, sí, a veces, independientemente de sus Logias, se afiliaban a movimientos o grupos vengadores.

Texto extraído del libro "Itambé, Berço Heróico da Maçonaria no Brasil", Ed. "A Trolha", 1996.

¿Una masonería del bosque?

(Recopilado por Salvatore Brienza)

MADERA (Masonería de la Madera). Un término acuñado por Jacques Brengues para designar a los Constructores (carpinteros, ebanistas, etc.) y a los Silvicultores (leñadores, carboneros), cuyos diversos gremios exhiben una evolución histórica comparable a la de la masonería tradicional de la piedra, a través de la transición de operativa a especulativa. La masonería de la madera se basa en un simbolismo muy antiguo cuya dualidad es notable: la madera como material, árbol, bosque, bastón, hacha, carbón, etc.

Masones Forestales en Francia
La unidad de la masonería de la madera nació del pasado, en construcciones tan originales como la tienda de un solo mástil, la cabaña, la logia del silvicultor, casas mixtas de piedra y madera, sin mencionar puentes, torres y fortificaciones. La fuerza de la masonería en los bosques se manifestó vigorosamente en los colegios romanos, entre los Culdeos, en los gremios de oficios libres, las comunidades templarias, las cofradías y las corporaciones, siguiendo un patrón sociológico de evolución paralelo al de la masonería en piedra. A pesar de su apego a los ritos seculares y originales, los carpinteros sufrieron los efectos desastrosos de la Ley Le Chapelier, el cisma de 1804, las influencias adversas (protestantes y católicos) y las corrientes divergentes (el Maestro Jacques y el Maestro Soubise) sin poder experimentar su transformación especulativa.

La misma antigüedad se encuentra entre los silvicultores, cuyo simbolismo tiene sus raíces en mitologías antiguas (Adonis, Mitra, Abrascas) y en la leyenda de San Teobaldo. Secreta y hermética, la masonería en los bosques se abrió muy tardíamente a los «aceptados». 

Capitulo del Real Hacha o
Principe del Líbano 
Hacia 1747, el Caballero de Beauchaine intentó apropiarse de los Ritos de los Leñadores para su propio beneficio, pero fue la Orden de los Leñadores, también conocida como la Orden del Gran Alejandro de la Confianza, la que constituyó el intento más específico de evolución operativa de la Francmasonería de la Madera entre 1760 y 1770. Las circunstancias históricas (la creación del Gran Oriente de Francia, la Revolución Francesa) impidieron el desarrollo de la Orden de los Leñadores. La Francmasonería de la Madera se estableció en los Grados Superiores (Caballero del Hacha Real o Príncipe del Líbano) ya en 1762 y, rechazada por la Francmasonería Andersoniana, creyó haber encontrado su expresión en el aventurismo político del siglo XIX (la Carbonaria italiana, la Charbonnerie francesa), cuyos vestigios aún se descubrían en Portugal en 1911.

Un Nuevo Amanecer
en el Bosque Carbonario
Ciertamente, hubo loables intentos de unión entre la masonería forestal y la masonería rural (Deber de los Leñadores, corpus de Tours), de autonomía regular (Gran Obra General de Construcción de Francia, establecida en el corazón de los bosques, bajo los auspicios de la Naturaleza, en 1809), e incluso de reformismo iniciático (Las Ventas de Roland, en 1833). Ciertamente, los Buenos Primos Carboneros intentaron mantener sus tradiciones hasta 1835 en Francia, y hasta 1879, de forma especulativa, en Inglaterra, entre los "Hermanos Leñadores"; sin embargo, hay que reconocer que los masones forestales ya no existen. (*)

A. Daraul y P. Mariel citan como sucesores a los bolcheviques y sus teóricos, a los grupos políticos de extrema izquierda e incluso a Mao Zedong.

La revolución verde que aún debe producirse para salvar los bosques de nuestro mundo contaminado podría haber sido un propósito fundamental para la masonería de los bosques.

Fuente: ¿Una masonería del bosque?

De: Daniel Ligou (director) - Diccionario de Masonería, Prensas Universitarias de Francia 1987-1998

(*) Decir que no existe una Masonería Forestal es, simplemente, desconocer la realidad histórica de los Ritos en Francia, Portugal, Italia o Brasil. (Nota del Compilador)

LAS BORLAS DEL MANDIL DE MAESTRO (*)

Artículo compartido por el BPr.'. Lafayette y ampliado por el BPr.'. Salvatore Brienza 

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LAS BORLAS DEL MANDIL DE MAESTRO (*)

Los paramentos (indumentarias) tienen una importancia simbólica y cultural en la Masonería, indicando los grados y ritos de quienes los usan. Compitiendo en color y belleza, es común encontrarse con versiones en las que se ven dos cintas que descienden por detrás de la babeta (o solapa) bajada, teniendo borlas metálicas en sus extremos, generalmente en número de siete.

Muchos han sido los escritores masónicos brasileños que se dedicaron a crear significados para estos "flecos", estas cintas y sus borlas de siete esferas metálicas. Xico Trolha fue uno de ellos, quienes describieron las siete esferas como símbolos de las Siete Ciencias Liberales o de los Siete Planetas conocidos en la Antigüedad (547). Pero también existen defensores de la teoría de que las siete esferas indican la edad simbólica del Maestro.

Sin embargo, el origen de estos adornos es más simple. Los mandiles antiguos no tenían elásticos con broches de encaje, sino cuerdas con borlas en sus puntas. Las borlas son un adorno de pasamanería, un mechón formado por numerosos hilos, muy común en las cortinas antiguas.

El uso de borlas es antiguo y tiene un


carácter religioso (Números 15: 37-41). (**)

Estos mandiles antiguos con cuerdas que contenían borlas se amarraban de la siguiente manera: portando el mandil sobre el abdomen con la babeta hacia arriba, el Maestro cruzaba las cuerdas en su espalda, trayendo las puntas al frente del mandil, donde hacía un lazo simple. Luego, bajaba la babeta, la cual escondía el lazo, pero bajo la cual se veían caer las puntas de las cuerdas con las borlas.

Harry Carr confirma que estas cuerdas y borlas de los mandiles antiguos son las antecesoras de las cintas con borlas metálicas de los mandiles actuales, en un intento de preservar la belleza del antiguo amarre, el cual se perdió con los nuevos modelos de broches (548). Así, cualquier simbología que se les otorgue es mera invención.

REFERENCIAS BIBLIOGRÁFICAS:

(547) TROLHA, X. Símbolos Maçônicos e suas origens - Volume II. Londrina: A Trolha, 1997.

(548) CARR, H. O Ofício do Maçom. São Paulo: Madras, 2012, p. 398

🔺🌿📖🌿 🔺 ISMAIL, K. Breviário Maçônico do Século XXI. Brasília: No Esquadro, 2025.

(*) En muchos Ritos, las Borlas solo forman parte del Mandil de V.'. P.'. M.'., porque corresponden al diseño de los Mandiles de Maestros Instalados o de VVen.'. MMaest.'. Pasados o Past V.'. M.'. (Nota del B.'. Pr.'. Salvatore Brienza)

(**) "Que hagan para ellos tzitzit (flecos) sobre las esquinas de sus vestimentas, a lo largo de sus generaciones y pondrán sobre el tzitzit de cada esquina un hilo de color azul celeste. Y será para ustedes tzitzit, para que lo vean y se acuerden de todos los mandamientos del Eterno y los cumplan y no exploren tras de sus pensamientos y tras de sus ojos, en pos de los cuales ustedes se corrompen; a fin de que recuerden y cumplan todos Mis mandamientos y sean santos para con su Dios (Números 15:38-41)."

(Haciendo una analogía, los Flecos o Borlas de los Maestros, vienen a ser como una reminiscencia del Tzitzit Hebreo y su sentido simbólico, y nos recuerda la edad de los Maestros, el Trivium más el Quadrivium, y todo lo relacionado con el número 7 (Sólo conocido por los Maestros Masones) y que recuerda el espíritu sagrado de portar un Mandil con esas decoraciones) (Nota del BPr.'. Salvatore Brienza)


La Gran Falsificación de 1717

Por Salvatore Brienza

La Instrumentalización Política y Religiosa de la Francmasonería (1649-1813)

Resumen
El presente trabajo examina el proceso mediante el cual la francmasonería primitiva —de carácter republicano, científico y universalista— fue sistemáticamente reconfigurada entre 1649 y 1813 para servir a los intereses de la monarquía británica de la Casa de Hannover y del clero protestante anglicano. 
Lo que aquí se denomina "La Gran Falsificación" no fue un evento aislado, sino una operación histórica articulada en múltiples fases: la absorción institucional de las logias a través de la fundación de la Gran Logia de Londres en 1717, la reescritura de sus principios filosóficos mediante las Constituciones de Anderson (1723), la codificación de la exclusión social y de género como mecanismo de control demográfico interno, y la imposición de los Landmarks como blindaje dogmático e inmutable de todo lo anterior. 

El resultado fue la transformación de una fraternidad de librepensadores en una red de sociabilidad masculina y clasista al servicio del orden monárquico-colonial, incapaz institucionalmente de gestar ningún tipo de transformación social radical.

Los carbonarios y el sentido de la unidad

Por Salvatore Brienza

Cuando el “pagani” es conducido al medio del bosque para ser iniciado, no está solamente entrando a una sociedad de hombres y mujeres que trabajan en la Floresta. Porque ocultos entre los árboles; se entra, en realidad, a una comunidad, con destino en común.

Este tránsito no es individual, sino colectivo. Porque no somos llamados a ser, únicamente, un iniciado, sino a convertirnos en parte viva de una hermandad unida por la leña, por el fuego y por el carbón.

Uno de los signos más antiguos y conmovedores de la recepción consistía en embadurnar el rostro del candidato con carbón o con hollín. A primera vista, podría parecer un acto rústico, casi tosco, nacido de la rudeza del oficio de la carbonería forestal; sin embargo, detrás de aquella “negrura ritual” se escondía una doctrina profunda, una “pedagogía del anonimato” y una filosofía de la unidad.

El carbón no ennegrecía solamente la piel: borraba las diferencias.

Bajo aquella máscara de ceniza ya no existía el noble, el plebeyo, el perseguido, el sacerdote rebelde, el revolucionario o el campesino. Todos eran iguales en la Floresta. Todos quedaban reducidos a una misma apariencia, a una misma sombra, a una misma materia.

Y he aquí la primera enseñanza del Carbonarismo: La unidad comienza cuando desaparecen los signos exteriores que separan a los hombres.

La sociedad profana vive de las distinciones: títulos, apellidos, fortunas, honores, vanidades, rangos, doctrinas y prejuicios. En el Bosque Carbonario, por el contrario, se obliga al neófito a perder el rostro social para adquirir un rostro iniciático. No es casual que esta imagen nos recuerde la sentencia bíblica: “Polvo eres y al polvo volverás.”

Tampoco es accidental que el cristianismo la haya perpetuado en el rito del Miércoles de Ceniza, donde la marca en la frente nos recuerda la fragilidad de la condición humana y la nulidad de todo orgullo. Pero mientras en la liturgia eclesiástica la ceniza llama al arrepentimiento, en la liturgia carbonaria el carbón llama a la fraternidad.

Porque el mensaje no es solamente: “eres mortal” sino, además: “eres igual a tus Buenos Primos y Hermanos.”

El Carbonario debe entender que la primera barrera contra la unidad no está fuera del hombre, sino dentro de él: su ego.

Mientras el iniciado conserve la obsesión por su nombre, por su importancia, por su superioridad o por sus diferencias, jamás podrá fundirse con el cuerpo de la Orden. Al contrario, continuará siendo un individuo dentro de una asamblea, pero no un Buen Primo dentro de una cadena que debe unirnos al fortalecerse cada eslabón. Por ello el ennegrecimiento ritual del rostro posee un carácter casi sepulcral: es la muerte del antiguo yo.

La negrura hace desaparecer la fisonomía particular; y cuando el rostro desaparece, también desaparecen simbólicamente la pretensión de la individualidad. El candidato deja de ser “alguien” para comenzar a ser “uno entre todos”.

Y este es un principio fundamental del Carbonarismo: la Barraca no se sostiene por el brillo de individualidades, sino por la cohesión de una voluntad en común.

Recordemos que “una sola brasa se extingue rápidamente. Un montón de brasas reunidas produce calor permanente”.

Los perseguidos en el bosque

Los antiguos carboneros del Jura, de Hannover y de la Floresta Negra vivían entre persecuciones y allí, acudían los fugitivos políticos, herejes, republicanos, patriotas o disidentes que encontraban en la espesura de la Floresta un santuario de resistencia. Los bosques siempre fueron el refugio de los “los que no pensaban igual”.

Por eso cubrir el rostro con hollín tenía, ciertamente, una función práctica: ocultar la identidad ante los paganos y ante los enemigos.

Pero el símbolo siempre supera a la utilidad. Cuando todos están ennegrecidos, nadie destaca. Cuando todos son sombras, nadie es delatado por su singularidad.

La comunidad entera se vuelve un solo cuerpo clandestino. Esto nos muestra que la unidad carbonaria no es sentimental; es orgánica.

No se trata simplemente de “llevarse bien” o de “pensar parecido”. Se trata de entender que el destino de uno está ligado al destino de todos. El perseguido, el exiliado o el revolucionario no triunfa solo. La Barraca es refugio porque es unidad.

La Floresta no protege al árbol aislado, sino al conjunto del bosque. Y es por eso que el Carbonarismo nunca fue una masonería aristocrática de salones ni una escuela de disertaciones urbanas. Fue una masonería del pueblo, de hombres y mujeres endurecidos por la intemperie, por el hambre, por la persecución y por el trabajo. Su fraternidad no era teórica. Era una fraternidad de supervivencia.

La masonería del bosque

La masonería que florece en las ciudades construye templos de piedra, que son fríos y si no son habitados muere. La masonería del bosque construye templos de necesidad. Una surge del orden arquitectónico. La otra surge de la urgencia de permanecer juntos dentro de la misma naturaleza.

En el Carbonarismo, el sufrimiento compartido es el cemento de la unidad. Quien ha pasado frío junto al mismo fuego, quien ha escondido su nombre bajo el mismo hollín, quien ha comido el mismo pan duro en la misma choza, comprende que la fraternidad no es una palabra ceremonial, sino una dependencia mutua.

Aquí radica una gran lección para nosotros: Las Órdenes iniciáticas se debilitan cuando se vuelven conjuntos de egos ilustrados; se fortalecen cuando vuelven a ser comunidades de destino.

No basta reunirse. No basta abrir trabajos. No basta con recitar fórmulas. No basta lucir los mandiles o llamarse pomposamente, con grandes títulos. Es necesario sentir que el Buen Primo y Hermano no es sólo alguien que asiste a la reunión, sino que es una extensión de nuestro propio ardor.

La unidad en la carbonaria moderna

Hoy ya no vivimos escondidos en el Jura ni huimos por la Floresta Negra. No tenemos inquisidores tras nuestras espaldas ni soldados registrando nuestras barracas. Sin embargo, los enemigos de la unidad siguen existiendo, aunque adopten formas más sutiles: la vanidad, el personalismo, la ambición de mando, la fragmentación doctrinal, las rivalidades internas, el deseo de figurar más que de servir. Todos estos son rostros “del viejo yo pagano” que el carbón debe cubrir.

Por ello, cada vez que pensamos es ese hollín iniciático, debemos preguntarnos: ¿hemos dejado realmente nuestro rostro profano fuera de la Barraca o seguimos entrando con nuestras pretensiones intactas?

La unidad carbonaria no consiste en uniformidad de pensamiento, sino en subordinación del interés individual al fuego común. Así como distintos troncos producen un solo carbón, distintos temperamentos deben producir una sola Orden.

La leña no pregunta cuál rama será la más visible cuando arda; simplemente se consume para alimentar el horno, el brasero o la chimenea. Ese es el ideal. Servir antes que destacar. Sostener antes que imponer. Fundirse antes que dividir.

“Todos somos uno”

El rostro cubierto de carbón nos deja una de las imágenes más poderosas del Rito. Porque allí donde el mundo exige identidad, el Carbonarismo exige comunión. Allí donde la sociedad celebra el nombre, la Barraca celebra el anonimato fraternal. Allí donde el ego busca distinguirse, el hollín lo vuelve indistinguible. Y cuando todos son indistinguibles, entonces todos son uno.

El carbón nos enseña que la verdadera unidad no nace del discurso, sino de la combustión conjunta. No somos llamas aisladas. Somos hornilla. No somos árboles dispersos.
Somos árboles en el Floresta. No somos hombres separados por su historia profana.

Somos Carbonarios, ennegrecidos por el mismo fuego y hermanados por la misma ceniza. Jamás olvidemos, entonces, que el primer mandamiento de la Floresta es éste: arder juntos para no extinguirnos separados. “Todos somos uno”

  ¡¡¡Ventaja y Buena Vida para todos!!!

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