La Fraternidad en la era Digital

Por Salvatore Brienza 

Las palabras "francmasón" o "freemason" son las formas más conocidas de llamar a los masones en los diccionarios o enciclopedias.

En todas las definiciones se habla de que eran albañiles libres o francos que podían transitar por las ciudades o países ejerciendo la profesión de Masón.

Es por eso que en nuestra augusta Orden, el principio de la Fraternidad ha sido el cimiento inamovible sobre el cual edificamos nuestras relaciones sociales y en el sentido simbólico, nuestro templo interior. 

Como iniciados Masones nos enseñaron desde el primer día que la escuadra mide la rectitud de nuestras acciones y el compás nos mantiene dentro de los límites justos y equilibrados del amor fraternal con todos los seres humanos, pero muy especialmente con nuestros Hermanos. 

Sin embargo, en pleno siglo XXI, el concepto de la fraternidad ha trascendido los muros físicos de nuestros Templos para habitar y manifestarse en un territorio sin fronteras: la virtualidad.

La Red Invisible que se construyó desde tiempos inmemoriales ha cruzado del mundo contemporáneo a los grupos de WhatsApp, las comunidades digitales y las redes de contactos en internet se han convertido en verdaderos altares cotidianos de auxilio, confraternización y apoyo mutuo.

Es en estos espacios digitales donde ahora ocurre un fenómeno verdaderamente masónico y revolucionario:

Por un lado desvanecen los grados y el Aprendiz interactúa con el Past Gran Maestro o con el mismo Gran Maestro de esta o aquella obediencia con la misma naturalidad con la que dos antiguos canteros compartían el pan en las obras.

Por otro lado, se anulan los cargos y la jerarquía administrativa cede su lugar a la empatía inmediata.

Y por último se ignoran las fronteras territoriales y jurisdiccionales de las obediencias, y la fraternidad deja de ser un concepto teórico de manual, para convertirse en una cadena de unión viva, palpitante y global.

Es así, que un problema de salud, una necesidad laboral, un consejo profesional o simplemente la búsqueda de una palabra de aliento a altas horas de la noche encuentran respuesta inmediata en estos grupos. 

Es en estos grupos o a través de las redes sociales donde un Hermano sostiene a otro Hermano no por el sello que lleva su pasaporte o diploma masónico, ni por la Potencia a la que rinde tributo formal, sino por la sacralidad del juramento prestado ante el Ara. Es "la masonería del corazón" manifestada a través de la tecnología.

Sin embargo, frente a esta hermosa manifestación de armonía espontánea, emerge una dolorosa contradicción. Frecuentemente, la rigidez burocrática y las imposiciones de las autoridades de diversas Potencias Masónicas proyectan su sombra sobre estos espacios.

Porque bajo la bandera de la "regularidad", la "jurisdicción" o la "disciplina interna", se dictan decretos o directivas sutiles que exigen a los Hermanos abandonar estas redes de confraternización bajo "amenaza" con sanciones disciplinarias, juicios masónicos o la expulsión a quienes se atrevan a cultivar el afecto y la solidaridad con Hermanos pertenecientes a otros orientes u otras potencias no reconocidas por la cúpula de turno.

¿No es acaso una amarga ironía? Se castiga la práctica sincera de la fraternidad para proteger fronteras administrativas creadas por hombres. Se antepone "el dogma de la burocracia" a la vivencia real del amor fraternal. 

Hemos visto que cuando la autoridad exige romper el lazo de apoyo a los hermanos, la institución corre el peligro de privilegiar la "cáscara del rito o la potencia" por sobre la sustancia del espíritu fraternal.

Los Templos, sean de piedra o madera y las estructuras administrativas, sea del Rito que sea, son necesarios para el orden profano de la institución, pero "la verdadera Masonería jamás ha residido en las paredes ni en los sellos de goma". Reside en el hilo invisible que une la mano de un Mason con la de otro cuando hay necesidad, dolor o alegría compartida.

Privar a un Hermano de la red de apoyo de sus iguales por disputas de potencias es intentar "embotellar el viento o ponerle cadenas a la luz". Y quién pretenda hacerlo, solo demuestra la supina ignorancia de la triada más conocida de la masonería: "Libertad, Igualdad y Fraternidad".

En conclusión, las Potencias Masónicas, los tratados territoriales y las cúpulas administrativas pasarán, porque son obras de la contingencia humana y muchas veces el ego de los hombres vanidosos. Pero el auxilio al angustiado, la mano extendida al caído y el abrazo sincero entre dos Hermanos permanecerán para siempre.

La verdadera Regularidad no la firma un Gran Maestro en Inglaterra o en Francia en un decreto de escritorio, prohibiendo a un hermano confraternizar con otro en algún lugar que ni siquiera conoce; sino "la firma el Gran Arquitecto del Universo en el corazón de cada Masón que se niega a soltar la mano de su Hermano".

Hagamos como nuestros "Antiguos Hermanos Masones" que al ver creada la Gran Logia de Londres el 24 de Junio de 1717 por tan solo 4 logias y ver apeligrado el principio básico de la Fraternidad elaboraron un lema básico de unidad: 

"Free Masons in Free Lodge"

(Masones libres en Logias Libres)


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