Por Salvatore Brienza
La construcción de un espacio sagrado no es únicamente un acto de ingeniería ni un cálculo de tesorería; es, ante todo, un acto de fe operativa y de audacia iniciática. A comienzos de este año, nos trazamos un plan metódico: reunir paulatinamente los recursos para, a su debido tiempo, dar el primer golpe de hacha y levantar las columnas de nuestro Templo. Sin embargo, los requerimientos del espíritu, las necesidades de la Orden y los recursos humanos, no siempre se ajustan al rigor de los calendarios profanos. Las circunstancias y la propia dinámica de la Obediencia nos impulsaron a dar el salto antes de tiempo, disolviendo el diseño teórico inicial para lanzarnos de lleno a la faena, que se cumplió en tiempo récord.
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| Cada día un avance |
Tuvimos que desprendernos de la ilusión de una previsión perfecta. Aquel quiebre del plan original fue la primera gran lección de esta etapa: entender que la madera no se labra contemplando el plano, sino enfrentando la dureza del golpe de hacha.
Hoy, la materia elevada atestigua nuestros desvelos. Aunque resta un treinta o cuarenta por ciento para la culminación física de la obra, el corazón de la estructura late con fuerza insuperable. Hay una satisfacción profunda y serena que no proviene del acabado de las maderas ni del pulimento de los detalles, sino de la certeza de haber erigido un refugio donde la Luz Iniciática ya se proyecta. La imperfección de lo inacabado no es una derrota, sino el testimonio vivo, así como nuestro propio ser, de que la obra está en constante movimiento.
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| El Plano de un sueño |
Queridos Buenos Primos/as y Hermanos/as: el Templo de la Floresta Negra es hoy un organismo vivo que espera ser culminado. Ese porcentaje que aún nos reclama esfuerzo no es más que la prueba de que el arte real no se detiene y que todos debemos seguir apoyando para su culminación.
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| Las obras prosiguen |
Mientras exista un Hermano/a o un/a Buen/a Primo/a dispuesto a pulir su propia piedra o descortezar su madera y podar sus ramas dentro de estos muros, el Templo estará siempre construyéndose, eterno e inagotable.
Muchas gracias a todas y todos los que han apoyado con su esfuerzo, a los que siguen aportando y a los que aún faltan, porque este espacio es para todas y todos.




